20 oct. 2017

El foso de la muerte (The Dead Pit)


No descubrí El foso de la muerte (The Dead Pit, Brett Leonard, 1989) en un oscuro videoclub, durante los años en que me dedicaba a explorar todo los videoclubes que podía en busca de oscuras joyas. Tampoco hay una interesante historia biográfica que me ligue sentimentalmente a este título. No, nada de eso. La verdad: me llegó una newsletter de Screen Archives donde aparecía esta película de oferta (una edición de dos discos por unos 6 euros) y, tras ver el tráiler, decidí darle una oportunidad. Fue una genialidad por mi parte, aunque esté mal que yo lo diga.

El doctor Colin Ramzi (Danny Gochnauer) está llevando a cabo experimentos poco ortodoxos con los pacientes del instituto mental en el que trabaja. El doctor Gerald Swan (Jeremy Slater) descubre las horribles prácticas del doctor Ramzi y lo asesina, dejando su cadáver junto a sus víctimas y tapiando la entrada al laboratorio de Ramzi. Veinte años después, una mujer con amnesia, referida como Jane Doe (Cheryl Lawson), nombre dado a las mujeres de identidad desconocida, es enviada a la institución mental para que pueda recuperar la memoria. Su llegada coincide, o provoca, el retorno del doctor Ramzi de la muerte, dedicado a poner en marcha nuevos experimentos y acompañado de sus pacientes zombi.

El director Brett Leonard es conocido principalmente por su no-adaptación de Stephen King El cortador de césped (The Lawnmower Man, 1992), película que dirigió justo después de El foso de la muerte. Como El cortador de césped era la película que me servía de referencia a su trabajo, me sorprendió con esta pequeña maravilla llena de deliciosos momentos de principio a fin.

Mezclando terror con ciertos toques comedia, se nos ofrece un delirante ejercicio lleno de gore (la edición en DVD de Code Red es el montaje del director sin censurar), que va de lo ridículo a lo genial en apenas segundos. Es un film hecho con poco dinero y mucha pasión, de modo que los momentos geniales tienen mucho mérito y los ridículos son muy divertidos. Para el poco dinero que tenían, los efectos de maquillaje son muy buenos y todo el gore está muy bien hecho. También son sorprendentemente buenas para este tipo de película las interpretaciones del reparto. La excepción sería Danny Gochnauer como el doctor Ramzi, pero su sobreactuación hace que cada en momento que sale en pantalla hilarante.

Pero estoy convencido que, más allá del gore y la historia que cuenta, la razón principal por la que disfruté tanto con esta película es esta: es un film con zombis que no presenta un apocalipsis ni a los muertos vivientes reanimados por un simple virus. Esto hace que esta película de 1989 resulte tremendamente refrescante cuando las comparas con el 99% de las películas de zombi actuales.

El tráiler fue suficiente para convencerme que esta película era mi tipo de película, especialmente sin cortar ni censurar. Si mi comentario no os ha convencido para darle una oportunidad, ved el tráiler para descubrir si también es vuestro tipo de película.


Adiós a Umberto Lenzi

 
Este 19 de octubre fallecía a los 86 años Umberto Lenzi. Lenzi fue un director que trabajó en diversos géneros, siempre dentro de la exploitation más efectiva y, en ocasiones, pasada de vueltas. La calidad de sus películas podía variar, pero nunca eran aburridas. Uno de los más claros ejemplos de su habilidad para crear demencial entretenimiento fue La invasión de los zombis atómicos (Incubo sulla città contaminata, 1980), mi favorita de las muchas películas que conforman su filmografía. Fui lo bastante afortunado como para que me firmara una copia de esta durante una visita que hizo a Barcelona. Como sus películas, Lenzi demostró ser tan divertido como excesivo a la hora de hablar sobre su carrera y las anécdotas que se sucedían en sus rodajes. Os invito a homenajearlo repasando cualquiera de sus películas, comprobando que ya no se hace exploitation como la que se hacía antes.


19 oct. 2017

La piel fría (Cold Skin)

 
Publicada mi crítica de La piel fría (Cold Skin, Xavier Gens, 2017) para vuestro deleite personal en Underbrain Mgz:


Es una de las pocas veces que me encuentro ante una adaptación que mejora la novela en que se basa. Por otro lado, su estreno no podía ser más apropiado teniendo en cuenta su mensaje y la situación política actual. No os perdáis la interpretación de Ray Stevenson en la VOSE.


18 oct. 2017

Sumario sangriento de la pequeña Estefanía (Mio caro assassino)

Más conocido por sus espagueti westerns, Sumario sangriento de la pequeña Estefanía (Mio caro assassino, 1972) fue la aportación del director Tonino Valerii al giallo. Una aportación muy sangrienta y violenta, cuya desarrollo es mucho más impactante que su argumento.

Paradisi (Francesco Di Federico), detective de una agencia de seguros, es decapitado usando una excavadora mecánica (!). El inspector Luca Peretti (George Hilton) se pone a investigar el caso. No tarda en descubrir que la reciente serie de asesinatos cometidos por un desconocido están relacionados con otro caso: el secuestro y asesinato hace unos años de la pequeña Estefanía Moroni (Lara Wendel). Para encontrar al asesino, Peretti deberá resolver también el caso de la pequeña Estefanía.

La conexión entre el giallo y el slasher se comentado mucho, pero realmente se hace evidente viendo películas como esta, en la que el misterioso asesino utiliza todo un surtido de herramientas mecánicas y otros utensilios para acabar con sus víctimas. Dejando de lado la expeditiva manera en que el asesino va despachando víctimas, Mio caro assassino nos presenta una historia bastante entretenida de intriga, con la mezcla de dos casos y un montón de sospechosos, incluyendo la clásica escena con todos los sospechosos reunidos mientras el inspector aclara lo sucedido.

Aficionados al cine de terror puede que la disfruten por los sangrientos asesinatos, pero realmente es un film para los amantes del giallo, que disfrutarán mucho más las opciones estilísticas y narrativas propias del género presentes en esta película.


16 oct. 2017

Viva la Anarquía Marxista

 
Ahora el ambiente político está muy caldeado, llenando los informativos y periódicos de las habituales recriminaciones, manipulaciones o, directamente, mentiras a las que estamos acostumbrados, pero en mayor cantidad. Eso sin olvidarnos de las desmesuradas exaltaciones patrióticas que contaminan aún más el ambiente. Todo ello puede resultar agobiante y deprimente, especialmente si para uno las banderas no son más que trozos de tela. Y así estaba yo, hasta que la fortuna quiso que este momento de tensión política coincidiera con la llegada de un pack de películas de los hermanos Marx en Blu-ray, que acaba de editar Arrow Video. Solo hace falta ver estas películas, en la que los Marx ridiculizan todo estamento político y cualquier autoridad que asome la nariz, para darse cuenta de lo absurdo de la situación que vivimos. También sirven para que, al igual que le pasa a Woody Allen en Hannah y sus hermanas (Hannah and Her Sisters, Woody Allen, 1986), uno supere cualquier depresión provocada por la estupidez de los políticos o la vida en general. Sin más preámbulos, os invito a sumergiros conmigo en el surrealista, anarquíco y absurdo mundo de los hermanos Marx.

Este pack de Arrow reúne completa la etapa de los hermanos Marx en la Paramount, cuando todavía eran un cuarteto. Esta etapa está considerada la cumbre del talento de los Marx, mostrando su locura en su estado más puro. Cinco películas que fueron rodadas antes del código moral censor que se impuso a partir de 1934 en el cine americano y en las que el estudio les dio mucha libertad para trabajar. Más tarde, cuando empezaron a trabajar para MGM y se convirtieron en un trío, fueron progresivamente domesticados, utilizados para ayudar a alguna pareja de enamorados enfrentarse a algún villano. Además de que la censura les obligó a prescindir de las numerosas alusiones sexuales y dobles sentidos que formaron parte de su comedia en las películas del periodo Paramount. Incluso las mejores películas rodadas bajo la MGM, como la clásica Una noche en la ópera (A Night at the Opera, Sam Wood, 1935), palidecen ante la locura sin censurar ni suavizar mostrada en estas cinco películas.

Los cuatro cocos (The Cocoanuts, Robert Florey, Joseph Santley, 1929) fue la primera película sonora que rodó el cuarteto de hermanos. El film adaptó una obra con la que los hermanos habían triunfado en Broadway, cuando la tecnología del cine sonoro acababa de empezar. Estos dos hechos son la razón por la que la película es más bien estática y muy teatral, en el sentido de que la cámara está fija rodando una escena. Por fortuna, las escenas que comparten los hermanos son igualmente divertidísimas, así que es fácil pasar estos fallos, que son propios de las limitaciones técnicas de la época en que fue rodada. En su conjunto, es más una muestra de lo que podían dar de sí los hermanos en un nuevo medio, no tanto una auténtica demostración de su talento. Lamentablemente para los que no sepan inglés, algunas de las escenas más carcajeantes se basan en juegos de palabra en inglés intraducibles, como la clásica "Why a duck", algo que se repite en las demás películas.

Tras Los cuatro cocos, los hermanos Marx estrenaron otra adaptación de una obra de Broadway: El conflicto de los Marx (Animal Crackers, Victor Heerman, 1930). Resulta sorprendente comprobar lo rápido que avanzaba la tecnología sonora, lo que permitió un poco más de libertad de movimiento a los actores. También destaca para mí la manera en que Groucho Marx, interpretando a uno de sus personajes más famosos: el capitán Spaulding, se dirige directamente al espectador y revienta en mil pedazos la cuarta pared. Algo que hacía habitualmente en el teatro y que le prohibieron hacer en el cine, igual que también prohibieron que se pintara un bigote falso y cejas. Es obvio el caso que hizo Groucho a estas prohibiciones. Hay que destacar que durante mucho tiempo solo se pudo ver una versión recortada de esta película que hoy día se puede disfrutar sin cortes ni censura.

Pistoleros de agua dulce (Monkey Business, Norman McLeod, 1931) fue la primera película que los hermanos Marx rodaron a partir de un guion original, aunque reciclando muchos gags de su época de vodevil. Cuando los Marx empezaron su carrera en el cine, llevaban ya casi veinte años de trayectoria en los escenarios, así que tenían mucho material que reaprovechar. Es en esta película también donde los hermanos se convierten casi en personajes de dibujos animados, dejando una estela de caos a su paso cortesía de un guion con una trama prácticamente inexistente, que les liberaba para construir su locura sin impedimentos. Los hermanos Marx funcionaban mejor sin argumento que los domesticara, como se demuestra a partir de ahora.

Plumas de caballo (Horse Feathers, Norman McLeod, 1932) es posiblemente una de las películas más divertidas que he visto en la vida. Me pareció genial ya desde la primera vez que la vi cuando era niño. Es la única en la que los interludios musicales son casi un alivio, para descansar de tanta carcajada. Ya directamente convertidos en Looney Tunes de carne y hueso, los hermanos Marx parodian las películas de ambiente universitario, de nuevo con el beneficio de rodar sin un código censor, ya que uno de los elementos principales de la películas es lo que se llamaba una "viuda de universidad", expresión referida a aquella mujer que se iba a vivir cerca de una universidad para tener relaciones con el máximo número de estudiantes universitarios posible. Algo que apenas dos años después sería impensable mostrar en el cine. Un mínimo hilo argumental justifica que los hermanos Marx hagan befa y mofa del establishment universitario, concluyendo con un partido de rugby completamente absurdo y delirante.

La locura de los Marx culmina con una de las mejores comedias de la historia: Sopa de ganso (Duck Soup, Leo McCarey, 1933). Reivindicada en los años 60 por su lectura antibelicista, esta sátira política nos presenta a Groucho Marx como Rufus T. Firefly, presidente/dictador de un ficticio país que no esconde sus intenciones de saquear las arcas públicas y dedicarse con pasión a la corrupción. Por desgracia para nosotros, la película sigue siendo completamente vigente, tanto por su ridiculización del patriotismo bélico como por el retrato que hace de la clase política. Por fortuna para nosotros, en esta película nos encontramos la clásica escena en la que Harpo intenta convencer a Groucho de que está viendo su reflejo en un espejo. Los hermanos Marx no fueron los primeros en llevar a cabo la idea, pero su versión es sin duda la definitiva. Al igual que Plumas de caballo, esta película no llega a los 70 minutos de duración, concentrando una gran cantidad de locura en una mínima duración.

Los hermanos Marx siguen siendo tan geniales, divertidos, anárquicos y surrealistas ahora como en el momento en que se estrenaron estas clásicas comedias. Su genialidad brilla aún más si la comparamos con la mediocridad de aquellos que se creen más importantes de lo que realmente son. Seguid mi consejo y, parafreseando a John Lennon, haceos marxistas, no de Karl sino de Groucho.