22 jun. 2017

Colossal

Este viernes se estrena en cines Colossal (2016) de Nacho Vigalondo y ya podéis leer mi crítica de este film en Underbrain Mgz, clicando aquí:


Hacía tiempo que no veía una película de Vigalondo que me gustase y por lo menos he podido decir algunas cosas buenas de esta.


20 jun. 2017

The Evil Within

 
Al principio, la única razón por la que me interesó The Evil Within (Andrew Getty, 2017) fue la bizarra manera en que fue creada. Tras haber visto la película, queda claro que solo hay una cosa más demencial que la forma en que fue hecha: el delirante resultado final.

Andrew Getty era el heredero de una poderosa familia del mundo del petróleo. Getty decidió invertir su fortuna personal en escribir, dirigir y producir una película de terror inspirado en las pesadillas que tenía a menudo, lo que eventualmente lo llevaría a la ruina. Sin ninguna experiencia ni preparación, en 2002 empezó a rodar. Luego el rodaje se detuvo. Y volvió a empezar. Y se detuvo. Y volvió a empezar. Y así, con conflictos continuos con reparto y equipo que significaron continuas sustituciones (del reparto, solo Frederick Koehler y Michael Berryman estuvieron en todos los distintos rodajes), el rodaje se alargó cinco años. Y entonces empezó la posproducción.

Getty estaba obsesionado con crear sus propios trucajes de cámara y efectos especiales en vivo, para ello convirtió su mansión en un estudio. Encerrado, se dedicó con enfermizo perfeccionismo a trabajar en su creación. Este obsesivo trabajo fue en paralelo con su adicción a la metaenfetamina, posiblemente inspiradora de muchas de las imágenes que aparecen en la película, lo que lo llevó a una muerte prematura en el 2015, cuando tenía 47 años. El productor Michael Luceri, decidió darle los pocos toques finales que le quedaban a la película para luego distribuirla en los diversos sistemas domésticos actuales. Así, el film finalmente vio la luz el 2017.

Tras 15 años de producción, ¿cuál es el resultado final? Un film extraño y único, producto de las manías y obsesiones de una persona, sin que ningún estudio interviniera para darle sentido a la locura. En pocas palabras, The Evil Within es el Glen or Glenda del siglo XXI.

El argumento es bastante típico: Dennis (Frederick Koehler) es un hombre con discapacidad mental que se convierte en un asesino en serio azuzado por un demonio (Michael Berryman) que le acosa en las pesadillas que tiene a menudo. Y el desarrollo de este argumento es el que te esperarías de alguien amateur sin ningún tipo de experiencia: personajes van y vienen sin motivo, malos diálogos, desarrollo torpe...

Pero, al mismo tiempo, es este desarrollo amateur, no olvidemos: de alguien aficionado a las sustancias ilegales, lo que hace de este un film inolvidable por su metraje lleno de escenas oníricas y surrealistas que se te quedan grabadas en la memoria. En especial por la dedicación de Getty en desarrollar sus propios efectos y trucajes de cámara. Las escenas banales son un respiro, después de experimentar las pesadillas que el film lanza al espectador. La secuencia inicial solo la podría haber firmado David Lynch.

Así, The Evil Within es un film fascinante no por su calidad objetiva cinematográfica, sino por la ventana que nos ofrece a la locura y las obsesiones de su autor. Como el mencionado clásico de Ed Wood, este es un film que está más allá de la simple calificación bueno/mediocre/malo, ya que parece realizado en otro planeta. Toda una experiencia.


15 jun. 2017

Pulse (Kairo) (Kairo)

 
Es posible que los lectores más jóvenes desconozcan el gran impacto que supuso el estreno de The Ring (El círculo) (Ringu, Hideo Nakata, 1998) en las salas de cine. Esta perturbadora e inquietante película fue la precursora de una oleada de películas de terror japonesas, género conocido también como J-Horror, tras años de inexistente distribución de cine de género japonés. Y me refiero distribución a nivel mayoritario: claro que en festivales se veía cine japonés y que los aficionados podían encontrar de vez en cuando alguna película de terror japonesa editada en vídeo, pero tras el estreno y éxito de The Ring, las películas de terror japonesas llenaron las salas de cine, muchas veces acompañadas de los inevitables remakes americanos que nunca alcanzaban el nivel de inquietud y miedo de los originales. De esta oleada de películas de terror japonesas, una de las que mejor se ha conservado y sigue siendo interesante es Pulse (Kairo) (Kairo, Kiyoshi Kurosawa, 2001).

Escrita también por Kiyoshi Kurosawa, Kairo nos cuenta una historia de terror que, en cierto modo, se adelantó en el tiempo en el efecto que tendría internet en la sociedad. El argumento gira en torno a un grupo de personas que descubre una extraña página web que les pregunta si quieren conocer a un fantasma. Extrañas presencias y sucesos empiezan a tener lugar al mismo tiempo que empieza a haber un gran número de desapariciones.

Kurosawa, director también de Cure (1997), utiliza los fantasmas tanto de forma literal como alegórica. El film habla sobre la soledad y el aislamiento, cosas que se verán magnificadas con la llegada de internet y, sobretodo, las redes sociales. Por ello, algunos de sus fantasmas no son gente llegada del más allá, sino personas que se han caído por las grietas sociales, olvidadas por el mundo. Pero esto es un film de terror, así que también hay presencias sobrenaturales acechando a los protagonistas.

Como es la norma en este tipo de películas, la atmósfera que crea de miedo e inquietud es realmente fantástica, lograda no solo por los encuadres y la fotografía, también con la banda sonora y el diseño de sonido (que prácticamente desaparece en la pobre versión doblada). Este estilo de terror japonés, en contraste con el más brutal y sangriento que hasta entonces era más conocido, logra crear inquietud con los recursos más sencillos y simples. Al menos en apariencia, ya que aunque parece bastante simple, es obvio que solo los japoneses saben crear este tipo de inquietud minimalista si tenemos en cuenta las fotocopias americanas.

Kairo vista hoy día sigue siendo perturbadora y capaz de dar miedo. Por ello, la mejor y peor manera de verla es solo en una casa vacía en mitad de la noche. Si os atrevéis, claro.


12 jun. 2017

Batman: El regreso de los cruzados enmascarados (Batman: Return of the Caped Crusaders)


Mientras preparaba este artículo me enteré de la muerte de Adam West, poco después de haber visto su penúltima interpretación dando voz a Batman, retomando el personaje que hiciera popular en la inolvidable serie de los 60, en la cinta de animación Batman: El regreso de los cruzados enmascarados (Batman: Return of the Caped Crusaders, Rick Morales, 2016).

Bruce Wayne (voz de Adam West) y su pupilo Dick Grayson (voz de Burt Ward) están disfrutando de una rara ocasión para relajarse viendo la televisión cuando descubren que sus peores enemigos se han aliado: Joker (voz de Jeff Bergman), el Pingüino (voz de William Salyers), Enigma (voz de Wally Wingert) y Catwoman (Julie Newmar) irrumpen en un programa de televisión dispuestos a hacerse con la ciudad. Por supuesto, Bruce y Dick adoptan sus identidades como Batman y Robin y se lo impiden pero no antes de que Batman se vea afectado por una extraña poción. Ahora, Batman se ha convertido en el mayor villano de la historia de Gotham. Pero, si Batman se ha vuelto malvado, ¿podrá Robin salvar la ciudad?

Esta película recupera el estilo absurdo y paródico de la serie de los 60, sin olvidar las aliteraciones en los diálogos, recreándolo a la perfección. Al tratarse de una cinta de animación de corta duración (78 minutos), no sufre los problemas de ritmo que tenía en algunos momentos Batman: La película (Batman, Leslie H. Martinson, 1966) y mantiene el ritmo frenético de la serie. Otra ventaja de ser una cinta animada es que puede llevar su absurdo mucho más lejos de lo que jamás pudieron en los 60.

Durante los 80 y parte de los 90, donde se reivindicaba lo serio y oscuro, la serie sufrió de cierto esnobismo por parte de aficionados horrorizados por esta serie que convertía a Batman en un divertido delirio camp. Por suerte, esta fase forma parte del pasado y la serie es hoy admirada y convertida en objeto de culto. Después de ser recuperada en una colección de cómics, se decidió producir una película animada que iba a ser la primera de varias entregas. West murió habiendo grabado la voz de la siguiente, Batman vs. Two-Face (Rick Morales, 2017), pero qué sucederá a partir de ahora es un misterio, aunque es posible que simplemente busquen un buen imitador.

Batman: El regreso de los cruzados enmascarados es casi obligada para los fans de la serie de los 60. Es muy divertida y capta a la perfección el gran teatro del absurdo que era la serie original. Resulta casi un alivio poder disfrutar sin prejuicios de este absurdo Batman después de tantas películas en las que se esforzaban en ofrecer algo muy, muy oscuro y realista.

9 jun. 2017

Despedazator (Slime City)

 
Despedazator (Slime City, Greg Lamberson, 1988) es una cult movie que entró en mi radar por su conexión con dos películas, para mí, clásicas: Violencia en Manhattan (Street Trash, J. Michael Muro, 1987) y la genial Brain Damage (Frank Henenlotter, 1988). Las tres se rodaron más o menos durante la misma época, en las mismas zonas poco recomendables de Nueva York y compartiendo miembros del equipo de rodaje. Además, las tres comparten la misma filosofía cinematográfica que se apartaba de los temas y del estilo de películas de género más "normales". Por entonces desconocía que el film de Greg Lamberson tenía un título tan memorable en castellano. Un título que uno tiene la sensación de que no se puede simplemente pronunciar, se ha de gritar: ¡DESPEDAZATOR!

Alex (Robert C. Sabin) se felicita por encontrar un apartamento a buen precio que no parece un cuchitril ni está infestado de cucarachas. Además, tiene unos vecinos bastante "interesantes". Uno de ellos, Roman (Dennis Embry), le invita a cenar. Tras comer un extraño yogur, Alex despierta a la mañana siguiente convertido en una especie de mutante. Desesperado, descubre que tras matar a alguien, su aspecto vuelve a la normalidad. Por lo menos hasta que coma de nuevo el extraño yogur, tremendamente adictivo.

De las tres películas mencionadas al principio, esta es la más típica de serie B. El argumento, cuando se desarrolla en la película, es bastante parecido al de la novela de H. P. Lovecraft El caso de Charles Dexter Ward, aunque introduciendo algunos cambios cosecha del director/guionista. Las interpretaciones son correctas, teniendo en cuenta el tipo de film del que estamos hablando, pero las auténticas estrellas son los efectos de maquillaje y gore que protagonizan los momentos álgidos del film.

Son estos efectos los que han hecho que Slime City se convierta en un film de culto, ya que la dirección es bastante plana y la historia resulta muy familiar. A pesar de todo, es una película bastante entretenida y divertida, que se pasa rápido ya que solo dura 80 minutos.



22 años después del estreno de Despedazator, Greg Lamberson escribió y dirigió la secuela Slime City Massacre (2010). Una secuela que es también una precuela.

El film arranca en 1959, en el que la joven Nicole (Brooke Lewis) conoce a Zachary (Robert C. Sabin), que la introduce en su grupo. En el presente, una bomba nuclear ha estallado en la ciudad y de ahí saltamos al futuro, en el que la parte destruida de la ciudad (la Slime City del título original) es habitada por vagabundos y fugitivos de la ley. Allí llegan Alexa (Jennifer Bihl) y Cory (Kealan Patrick Burke) en busca de refugio, pero lo que encontrarán es cierto extraño yogur acompañado de cierto extraño vino.

Hay que reconocer el esfuerzo de Lamberson por ofrecer algo que no fuera simplemente una repetición de su film de culto. Las partes ambientadas en el pasado, que aparecen en blanco y negro, nos relatan cómo se creó la situación que enlaza con Slime City (contar con el mismo actor que interpretó a Alex para hacer de Zachary es todo un acierto en este sentido), sirven como precuela, pero también dan contexto a aquellos que se acerquen a Slime City Massacre sin haber visto la primera entrega. Las partes ambientadas en el futuro le dan un divertido toque posapocalíptico, que también encaja con un tono en el que está más presente la comedia. Este cambio, además de añadirle toques bastante divertidos, hace también que haya más acción (y hablando de toques divertidos, en algunas escenas podréis ver escrito en una madera el título castellano del primer film).

Aunque tiene mucho mérito la manera en que el director enfocó la secuela, es una lástima que no todo siga la misma dirección. Si bien el film está lleno de escenas gore y efectos grumosos, el añadido de efectos digitales bastante cutres le quita algo de efectividad al conjunto. De todos modos, si os gustó la primera, esta segunda entrega puede que también os divierta.