5 jul. 2017

Helldriver (Nihon bundan: Heru doraibâ)


Yoshihiro Nishimura es director, guionista, encargado de efectos especiales y mil cosas más de películas de bajo presupuesto, llenas de gore pasado de vueltas y escenas absurdas llenas de surrealismo como Tokyo Gore Police (Tôkyô zankoku keisatsu, 2008). Helldriver (Nihon bundan: Heru doraibâ, 2010) es una de sus películas más populares y, por ello, más fácil de encontrar en Occidente.

Antes que nada debería aclarar que esta crítica se basa en la versión japonesa, no la versión internacional más corta (y sin mucho del gore). La edición inglesa incluye ambas versiones, mientras que otras ediciones incluyen solo una, aunque normalmente es la japonesa. Por si tenéis dudas: la versión original japonesa dura 117 minutos y la internacional 106 minutos.

Helldriver cuenta la historia de Kika (Yumiko Hara), la cual está a punto de ser asesinada por su madre psicópata Rikka (Eihi Shiina), cuando ambas se ven impactadas por un meteorito. Una extraña ceniza surge a partir del impacto, provocando que millones de japoneses se conviertan en una especie de zombis con cuernos. Kika, cuando despierte de un coma, se convertirá en una dedicada exterminadora de zombis y se embarcará en una misión para acabar con su madre, reina de los zombis.

Nishimura toma prestados muchos, muchos elementos de otras película y videojuegos, así que muchos elementos de la historia, personajes y situaciones resultarán familiares para los aficionados al cine de terror, fantasía y ciencia ficción. Todos estos elementos se presentan envueltos en la locura de Nishimura, que llena cada momento del film de sangrientos gags y toques absurdos, como si fuera un episodio de Dr. Slump para adultos. Aunque para mí lo más extraño de toda la película es la decisión de meter la secuencia de títulos de crédito cuando ya han pasado unos 45 minutos de película.

A pesar de que su estética de video digital y sus cutres efectos CGI, Helldriver también resulta visualmente interesante, aunque sea por los excesos que cubren cada rincón de la pantalla.

Estos excesos, toques absurdos y gore pasado de vueltas hacen que puedas aceptar los plagios a otras películas, provocando muchas carcajadas en el proceso, pero la película se acaba haciendo demasiado larga. Así, cuando más cerca se está del final, más cansado está el espectador, hasta que llega un punto en que el mayor absurdo ya no provoca ningún efecto debido a la acumulación de absurdo que se produce durante el visionado. Esto no es una recomendación de la versión corta o internacional, porque en esa versión desaparece mucho del gore que hace entretenida la película en su mayor parte.

Por tanto, es una película que recomendaría para los que tengáis paladar para este tipo de entretenimiento, aunque con la advertencia de que se puede hacer aburrida cuando ya has visto cuarenta fuentes de sangre y mutilaciones delirantes.


0 comentarios:

Publicar un comentario